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Categoría: cine

8 Agosto 2009

LOS MOCHICAS

Uno de los más importantes desarrollos de los estudios sobre la cultura Mochica en los últimos diez años es la cada vez más clara división entre una esfera sur y una esfera norte geográficamente separadas por la Pampa de Paiján. En estas dos áreas de la costa norte peruana entidades políticas de diferente grado de complejidad se desarrollaron entre los años 100 y 750 d.C. La adscripción de todos los Mochicas a una sola entidad política parece derivar de una falta de análisis de variaciones regionales en todos los aspectos de la cultura material, del énfasis de los estudios arqueológicos desde principios de siglo en el área de los valles de Moche y Chicama, centro de la esfera Mochica del sur, y de la escasez de colecciones comparativas de Mochica del norte. Los Mochica del sur parecen haber sido un estado unificado que se embarco en un proceso de expansión hacia el sur durante las fases III y IV. Aun cuando los Mochicas del norte y sur siguieron diferentes líneas de desarrollo todas compartieron estrategias económicas, organizaciones sociales y prácticas y creencias ideológicas. En este artículo presentamos las evidencias disponibles para postular la división e interpretamos las circunstancias históricas y ecológicas que generaron las diferentes sendas de desarrollo.

One of the most important developments in Moche studies in the last ten years is the increasingly apparent division between a northern and a southern sphere, geographically separated by the Pampa de Paiján. In these two areas of the Peruvian North Coast distinct political entities developed between A.D. 100 and 750. The ascription of all Moche to one single political entity seems to derive from the predominance of archaeological studies starting at the turn of the century in and around the southern valleys of the Moche, a scarcity of comprehensive collections for the northern Moche, and a general lack of analysis of regional variations in Moche material culture. The southern Moche seems to have been a single, unified expansive state that underwent a process of southward expansion during Phases III and IV. In spite of different developmental paths, both the northern and southern Moche polities shared similar economic strategies, social organizations, and ideological practices and beliefs. In this paper we present the evidences available to postulate the division and interpret the historical and ecological circumstances that generated the different developmental paths and ceramic sequences.

 

Introducción

En los últimos años la arqueología de la costa norte del Perú, y particularmente la arqueología Mochica, han experimentado un inusitado desarrollo, especialmente a partir del descubrimiento y excavación de las tumbas reales de Sipán en 1987. El renovado interés que existe en el fenómeno Mochica se puede ver en la gran cantidad de investigaciones que hoy se llevan a cabo (Uceda y Mujica 1994), y en el número de publicaciones sobre diversos aspectos de este pueblo que aparecen cada año. Este desarrollo no está basado sólo en recientes descubrimientos, sino que es el resultado del aporte de una larga tradición de investigadores que comenzó con Max Uhle y Rafael Larco, y ha continuado con la contribución de un gran número de peruanos y extranjeros dedicados al estudio de esta sobresaliente sociedad.

Actualmente gran parte de las investigaciones sobre la cultura Mochica están dedicadas al estudio de tres grandes temas: la iconografía y la secuencia cerámica, y particularmente la estructura política regional. Una serie de recientes estudios están tratando de establecer cuántas regiones, entidades políticas o estados constituyeron el fenómeno Mochica. Tradicionalmente se aceptaba que los Mochicas fueron a lo largo de su historia un estado centralizado o una entidad política unificada y monolítica (Figura 1), controlada por una clase gobernante de sacerdotes guerreros desde una capital ubicada en las Huacas de Moche. Los Mochicas habrían difundido sus tradiciones a lo largo de un amplio territorio a través de un proceso de conquista militar. Esta concepción centralizada y expansiva está siendo cuestionada. Nuevos estudios arqueológicos sugieren que existirían contemporáneamente al menos dos grandes regiones Mochicas, una norte y otra sur, separadas por la Pampa de Paiján (Figura 2; Donnan 1990, n.d., Donnan y Cock 1986).

Paralelamente se están reexaminando las peculiaridades del desarrollo de las manifestaciones culturales del fenómeno Mochica en diversas regiones, especialmente en cuanto a su secuencia cerámica. La secuencia cerámica Mochica de cinco fases, planteada por Larco en 1948 y confirmada en numerosos estudios de colecciones y trabajos arqueológicos, si bien útil para explicar la evolución de la cerámica Mochica en la región sur (en adelante Mochica-Sur), aparentemente no tienen la misma utilidad en la región norteña del fenómeno Mochica (en adelante Mochica-Norte).

Nuevos descubrimientos y nuevas líneas de investigación han llevado a cuestionar la existencia de un estado Mochica único y unificado, y de una sola secuencia cerámica, pero a la vez han reafirmado la uniformidad de "lo Mochica" como entidad cultural. Es cada vez más claro que los Mochicas de diversas regiones compartieron a lo largo de su historia una serie de elementos en común, los cuales evitaron que las diferentes entidades políticas seconvirtieran en entidades culturales independientes.

Cuando pensamos en los Mochicas nos imaginamos una sociedad cohesionada, que compartía un ecosistema definido por los valles costeños de Piura a Nepeña (Donnan 1978) y que estaba expuesta a ciclos de Niños y sequías. Es muy probable que los Mochicas hablaran una misma lengua, emparentada con la lengua Muchik (Carrera [1644] 1939); participaran en ceremonias muy semejantes, como la Ceremonia del Sacrificio (Alva y Donnan 1993) y rindieran culto a los mismos dioses, especialmente Aia Paec (Larco 1948, Castillo 1989). Una compleja jerarquización de la sociedad fue común a todas las entidades políticas Mochicas (Larco 1938, 1939), mostrándose la posición de los individuos en todos los aspectos de la vida cotidiana; desde sus ropajes y joyería, sus armas y literas, los portadores y sirvientes que tenían, hasta su porte y musculatura que dependía, al fin y al cabo, de su dieta. Luego de su muerte cada individuo recibía un tratamiento funerario que reflejaba su posición en la sociedad a través del tipo y tamaño de su tumba y de los objetos depositados como ofrendas en ella (Castillo y Donnan 1994, Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978). Sabemos también que los señores Mochicas contaron con artesanos de gran experiencia, capaces de enroscar minúsculas laminas de oro y hacerlas parecer hilos (Alva y Donnan 1993: Fig. 185), o de decorar ceramios y paredes con detallados diseños que mostraban ceremonias y rituales, así como animales silvestres y monstruos sobrenaturales (Uceda, et. al. 1994; Bonavia 1985; PACEB 1994). También construyeron algunos de los templos y residencias más suntuosas que se hayan visto en los Andes (Hass 1985). Si bien estos elementos nos hablan de una sociedad compleja y jerarquizada, son las semejanzas estilísticas de los artefactos producidos en diversas regiones y bajo distintas administraciones las que nos indican una tradición compartida y una fuerte interacción entre los Mochicas de diversas regiones.

 Primera parte: una sola cultura mochica

La idea que los Mochicas constituyeron una sola entidad política y cultural es el resultado de las peculiaridades de la evidencia arqueológica. Para explicar como se llegó a esta interpretación queremos plantear tres fases en que las evidencias fueron colectadas e interpretadas. En la primera fase se determinó que existía una sola cultura Mochica, diferente e independiente de otras culturas prehispánicas. Esta cultura había antecedido a la irrupción de elementos asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación estuvo basada en la identificación en diferentes valles de la costa norte de un repertorio de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración, y de una comparación de este estiloe con el de objetos obtenidos en otras regiones, especialmente en la costa central.

En la segunda fase se definió que los artefactos cerámicos producidos por los Mochicas habían evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a una misma secuencia, configurada por Rafael Larco en cinco fases estilísticas. Esta secuencia estuvo basada en un estudio sistemático de grandes colecciones de cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo Arqueológico Rafael Larco H.), y de superposiciones de contextos funerarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad política expansiva y militarista, que durante las fases tres y cuatro alcanzó a conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña. Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica, especialmente de la cerámica elaborada que representaba a las clases gobernantes de esta sociedad.

  • Una Sola Cultura

Las culturas precolombinas usualmente han sido definidas a través de conjuntos de objetos que comparten los mismos rasgos estilísticos, especialmente objetos cerámicos. Conjuntos de objetos con diferentes rasgos estilísticos representan diversas culturas, e interacciones entre estilos, por ejemplo cuando un estilos aparece influenciando a otro, se interpretan como interacciones entre diferentes entidades culturales. Una vez que el repertorio de rasgos ha sido definido, se estudia su distribución en el espacio para entender cuál fue el ámbito geográfico controlado o influenciado por una determinada cultura. Culturas arqueológicas son, por lo tanto, conjuntos de objetos distribuidos en el espacio, no de personas ni de las sociedades que las organizaron. El primer paso en la creación de una cultura prehispánica, entonces, es caracterizar un estilo cerámico, tanto a través del estudio de objetos en contexto, como de objetos en colecciones. Con la cultura Mochica la situación no fue diferente, y fue el peculiar origen de la muestra cerámica que se estudió lo que llevó a pensar amuchos investigadores, incluidos nosotros, que los Mochica habían sido una sola entidad cultural.

En el primer capítulo de la historia de los estudios sobre la cultura Mochica destacan tres personalidades: Max Uhle, investigador alemán que realizó las primeras excavaciones científicas en las Huacas del Sol y la Luna; Alfred Kroeber, uno de los pioneros de la antropología norteamericana que estudió en detalle las colecciones de Uhle; y particularmente Rafael Larco, investigador peruano que dedicó su vida, y buena parte de sus recursos, al estudio de esta sociedad. Antes del trabajo de estos investigadores, si bien existían colecciones en el Perú y el extranjero que incluían piezas de esta tradición, la cultura Mochica no existía como entidad independiente. La primera tarea de estos investigadores fue, pues, aislar el fenómeno Mochica de otros fenómenos culturales, y ubicarlo en la secuencia de culturas del antiguo Perú.

Max Uhle, en sus excavaciones a principios de siglo en las Huacas de Moche, ubicó y excavó una serie de tumbas Mochicas, especialmente en las áreas definidas como sitios E y F al pie de la Huaca de la Luna (Uhle 1915, Kroeber 1925:213). Estas tumbas, lamentablemente nunca bien publicadas, contuvieron más de 680 piezas de cerámica estilísticamente muy consistentes. Muchas compartían la característica decoración pictórica en crema y ocre, y/o detallada decoración escultórica que permitían diferenciarlas fácilmente de otros estilos encontrados en el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 (1903). Uhle además determinó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la Luna (Uhle 1915:105), por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron esta fantástica cerámica.

Kroeber (1925), luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo, diferenciándolo de otros estilos encontrados en el sitio. La información estratigráfica recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas semejantes existían en otros Museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú. Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con colecciones existentes entonces en el American Museum of Natural History y el Peabody Museum. En estos museos Kroeber encontró ceramios con las mismas características estilísticas, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, pequeñas diferencias existían entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones, quizá debidas a factores cronológicos, en el estilo. Es decir que estas colecciones incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría hasta que no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.

En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Figura 3). Kroeber (1925:224-229) concluyó que el estilo Proto-Chimú "en realidad es característico sólo en [...] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo infrecuentemente en las dos áreas adyacentes (Casma al sur, y Pacasmayo-Chepén al norte), y no apareciendo en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aún cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local. Evidentemente existió durante un período de limitadas comunicaciones, probablemente de unidades políticas restringidas" (Kroeber 1925:228-229).

Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados por Uhle también estaban presentes en miles de piezas en colecciones existentes en el Perú, especialmente en la colección pionera que Víctor Larco creara y que posteriormente fuera depositada en el Museo Nacional, y en la gigantesca colección que Rafael Larco congregara en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y su enorme frecuencia. Se requería en este momento de un amplio corpus de piezas cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo y la iconografía Mochica. Rafael Larco, a través de excavaciones de cementerios en diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa (1945:30-41), y de la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más grande y completa de cerámica Mochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa, que Larco definió el estilo Mochica (1945:15, 1948).

El estudio de la cerámica Mochica emprendido por Larco es radicalmente diferente al estudio de Kroeber. Kroeber analizó la cerámica Mochica solamente desde una perspectiva estilística, tratando de identificar elementos que permitieran fechar sitios y comprender la secuencia cultural de la costa norte. Kroeber estaba interesado en identificar culturas (entendidas como unidades estilísticas); Larco estaba interesado en entender la mentalidad y la vida del hombre Mochica del pasado. Para Larco la cerámica Mochica era primero un documento de la vida en el pasado, y sólo en segundo lugar una herramienta estilística o un instrumento cronológico. Es por esto que Larco emprende y publica primero (1938, 1939, 1945) sus estudios interpretativos, donde describe al hombre Mochica y su sociedad, la religión y el arte, el gobierno y el culto a los muertos. Larco entendía la totalidad de la producción cerámica Mochica como el resultado de un grupo de individuos compartiendo un mismo sistema cultural, un mismo idioma y una misma religión, y regidos por una misma élite y un mismo sistema político. No fue sino hasta 1946 y 1948 que Larco publica su estudio de la secuencia estilística de la cerámica Mochica. Es por el énfasis en el individuo y no el estilo que Larco denomina a este fenómeno con el gentilicio Mochica.

La acuciosidad y rigor del trabajo de Uhle, Kroeber y Larco está fuera de duda. Lo que queda por discutir es sólo si la base de datos con que contaron estos investigadores era realmente representativa de la totalidad del fenómeno Mochica. Por lo temprano de estos estudios algunas omisiones son obvias. Kroeber, por ejemplo, afirma en 1925 que en el valle de Lambayeque las evidencias de la cultura Mochica "aún esperan ser descubiertas o por lo menos publicadas" (Kroeber 1925:228). Larco, si bien menciona la presencia de cerámica Mochica en los valles de Piura a Casma, afirma en 1966 que en Lambayeque "es escasa la orfebrería Mochica y que tuvieron menor cantidad de oro a su disposición que los hombres de Lambayeque" (Larco 1966b:97). Estas afirmaciones contrastan con la magnificencia de la tumba del Señor de Sipán, donde las asociaciones de los Mochicas con grandes cantidades de oro y con una fuerte presencia en el valle de Lambayeque quedan claramente confirmadas.

Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Larco contaron para hacer sus observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Larco, y de las grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo fur Volkerkunde en Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. En base a estas colecciones es que se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego comparados y confirmados con otras colecciones provenientes de estas mismas áreas.

Larco sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Figura 1), pero por su reducido número los explicó en términos de "intercambio comercial y cultural entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque, Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspondientes a Mochica III, IV y V." (Larco 1966b:94). Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de 1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén, en el American Museum of Natural History (1925:225-226). Había evidencias de presencia Mochica al norte del área cultural Mochica, pero estas evidencias, por su baja incidencia y esporádica aparición indicaban una presencia de naturaleza.

En los años sesenta, con el descubrimiento de cerámica Mochica en Vicús, surge la primera posibilidad de contrastar el estilo Mochica definido a partir de evidencias de la región sur de la costa norte, con una muestra de origen totalmente distinto. Larco encontró en las piezas provenientes de Vicús suficientes elementos en común con ceramios Mochicas de fases tempranas como para calificar a este nuevo grupo de objetos como una nueva manifestación del mismo fenómeno cultural. Larco reconoció en estas piezas el uso de las mismas formas, especialmente el asa estribo, los mismos o semejantes motivos decorativos, la bicromía, el tamaño y el peso, etc. La procedencia de este nuevo conjunto de ceramios era, en síntesis, prueba fehaciente de que, incluso desde muy temprano, la cultura Mochica, había controlado un territorio aún más vasto del presupuesto. Las diferencias entre estos nuevos objetos y los ya conocidos para el período Mochica I en la secuancia cerámica de Rafael Larco, no eran destacables (Larco 1965, 1966a).

En síntesis, la consistencia y unidad de la cultura Mochica se definió a partir de las semejanzas de un enorme conjunto de ceramios provenientes tanto de colecciones y museos (Kroeber 1925, Larco 1938, 1939), como especímenes excavados arqueológicamente (Bennet 1939, Larco 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915). Estas piezas demostraban una enorme consistencia estilística e iconográfica, que reflejaba la uniformidad cultural de la sociedad que las produjo. Ahora bien, esta consistencia estilística se debía a que los objetos estudiados, en gran medida, provenían de un área restringida, los valles de Chicama a Nepeña. Especímenes provenientes de los valles al norte del Chicama eran prácticamente inexistentes en estas colecciones, por lo que mal podían proporcionar evidencias de la diversidad del fenómeno cultural Mochica. La cultura Mochica descrita en la literatura es la cultura que se desarrolló en la región comprendida entre Chicama y Nepeña, es decir el Mochica-Sur. En este momento no era posible determinar si las conclusiones planteadas podían extenderse a la región norte, y hasta antes del descubrimiento de Vicús, esto era ser innecesario ya que el fenómeno Mochica parecía circunscribirse a la región sur de la costa norte.

 

  • Una misma secuencia

Larco no sólo tuvo acceso a la colección más grande de cerámica Mochica, él mismo excavó un gran número piezas en tumbas, dandose cuenta de sus asociaciones y relaciones estratigráficas (Larco 1945). Estas excavaciones le dieron acceso a conjuntos de objetos de indudable contemporaneidad y a superposiciones de tumbas que reflejaban secuencias cronológicas. En base a esta información de campo y al estudio minucioso de las características formales de la cerámica, Larco pudo establecer cinco fases sucesivas a través de las cuales evolucionó la cerámica Mochica (Larco 1948, Figuras 4 a 9). Esta secuencia describe en gran detalle la evolución de la cerámica decorativa Mochica, especialmente de las botellas de asa estribo, a través de un minucioso estudio de aspectos formales, técnicos y decorativos.

La cronología Mochica esbozada por Larco a principios de los años cuarenta y finalmente publicada en 1948 sirvió de base para una serie de estudios de campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El primero de estos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizo un estudio sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Larco en la famosa Mesa Redonda de Chiclín, el 7 y 8 de Agosto de 1946.

Las ideas de Larco y Kroeber fueron de mucha importancia para los jóvenes investigadores del proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracterización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles, James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma que la que Larco denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que "si muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma escuela" (Ford y Willey 1949:66). Ford concuerda con Larco en que la cerámica Mochica evoluciona en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina cerámica "principalmente en técnicas de decoración negativas" (Ford y Willey 1949:66). La cerámica Mochica llega a Virú, de acuerdo a Ford, como un estilo maduro y como resultado en un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarca los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la cerámica simple, que permanece usando las mismas formas y técnicas que en el período anterior.

Duncan Strong y Clifford Evans (1952), a cargo de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el proyecto, encontraron algunas diferencias entre la cerámica Mochica excavada por Uhle (Kroeber 1925) y Larco (1945, 1948) y la cerámica de estilo Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para considerarlos expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, corresponderían con las fases III y IV de la cronología de Larco.

La secuencia de Larco fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos de reconocimiento regional y excavación, especialmente cuando se descubrieron tumbas Mochicas. Las asociaciones de objetos encontradas en estos trabajos concuerdan con las características señaladas por Larco. En algunos casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre períodos contiguos, por ejemplo piezas Mochica III-IV, donde encontramos características de los períodos III y IV, o ligeras diferencias que podrían deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Larco también fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donnan 1965). Los resultados de este estudio confirmaron la secuencia de Larco.

Christopher Donnan (1973), y posteriormente Donald Proulx (1968, 1973), realizaron trabajos de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña respectivamente. Si la cerámica Mochica en estos valles periféricos era semejante a la planteada por Larco, entonces la secuencia debía ser correcta. Donnan, familiarizado con las colecciones de Uhle y con los resultados del proyecto Virú, encontró que la cerámica Mochica en Santa era casi idéntica a la reportada en Chicama, Trujillo y Virú. Proulx también encontró especímenes semejantes en Pañamarca y una serie de cementerios alrededor de este centro ceremonial en el valle de Nepeña. Proulx confirmó la presencia Mochica en Nepeña en mayor detalle que simplemente los magníficos murales de Pañamarca (Bonavia 1985, Schaedel 1951).

La mayor limitación de la secuencia de Larco fue no incluir ceramios de manufactura simple y de uso doméstico. Ollas, cántaros simples, cuencos, y otras formas domésticas, figurinas y cántaros de cuello efigie no están reflejadas en la secuencia de Larco. Esto ha hecho difícil utilizar esta secuencia para fechar gran cantidad de sitios Mochica que no presentan cerámica elaborada en superficie, o en estudios de contextos que no incluyen este tipo de cerámica. Una salvedad es de rigor en este punto. Por mucho tiempo se ha criticado el hecho de que Larco no incluyera objetos de uso cotidiano en su cronología. Se argüía que, como coleccionista, Larco no estuvo interesado en este tipo de objetos. Pero a juzgar por la evidencia disponible de tumbas excavadas arqueológicamente (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) un aspecto notorio de las tumbas Mochicas en las áreas estudiadas por Larco es la baja incidencia de materiales domesticos (Donnan y Mackey 1978, Kroeber 1925). Ollas, cuencos, cántaros simples y otros recipientes rudimentarios, si bien se encuentran en contextos domésticos con cierta frecuencia, aparecen en cantidades muy limitadas en las tumbas. Adicionalmente estas formas no cambian de manera significativa a través del tiempo, lo que las hace de difícil inclusión en secuencias cronológicas.

La conclusión del trabajo de Larco, y de las posteriores investigaciones en que éste fue comprobado y aplicado, es que la secuencia cronológica desarrollada por él es la mejor aproximación a la evolución del estilo Mochica con que se cuenta. Existiría, por lo tanto a partir de estos estudios una sola secuencia cerámica aplicable al fenómeno Mochica en las regiones estudiadas. La uniformidad en la evolución de la cerámica, a su vez confirmaría la noción de que los Mochicas fueron una sola entidad cultural. Lo que quedaba por definir era el ámbito geográfico al que aplicarían estas conclusiones.

Si bien gran parte de los investigadores han encontrado la secuencia de Larco de gran utilidad, no todos están de acuerdo con la aplicabilidad irrestricta de esta cronología. Ultimamente un número de investigadores que trabajan en la región norte del territorio Mochica han cuestionado la validez de la secuencia descrita por Larco (Kaulicke 1992, Shimada 1994). Peter Kaulicke, por ejemplo, afirma que "las subdivisiones de mochica (I hasta V) no se vislumbran claramente a través de las evidencias publicadas, ni para la zona sureña (territorio Mochica), ni para el norte. La deficiente precisión de los datos publicados (frente a una cantidad mucho mayor de datos inéditos) apenas permite una separación cronológica de elementos pre y post Mochica" (Kaulicke 1992:898). Para arribar a esta conclusión Kaulicke reexamina las evidencias funerarias disponibles, especialmente los contextos funerarios excavados en la Huacas de Moche por Uhle (1915, Kroeber 1925) y por el proyecto Moche-Chan Chan (Donnan y Mackey 1978). En estas evidencias Kaulicke no encuentra sustento empírico para la cronología de Larco, sino más bien evidencias para refutar su validez. A partir de nuestro propio análisis de los mismos datos, incluyendo el examen de las piezas inéditas de la colección de Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi inexistentes, existe suficiente información para confirmar la validez de la primera y las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la secuencia de Larco, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la secuencia de Larco sin contar con los materiales que este utilizó para establecer la secuencia o de las tumbas excavadas por Uhle, estos datos lamentablemente aún permanecen inéditos.

Todo parece indicar que la secuencia de Larco describe básicamente la evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los materiales en los que se basa la secuencia. Trabajos de investigación en los valles de Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao (Víctor Pimentel comunicación personal) confirman la presencia Mochica en estos valles y validan la caracterización planteada por Larco de su estilo cerámico. Este no es necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta región. Como se discutió antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque, Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Larco realizaba sus estudios. No cuestionamos la validez de la secuencia de Larco, sino su ámbito de aplicación. No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario construir una secuencia cerámica alternativa para estas regiones. Esta secuencia deberá ser compatibilizada con las cinco fases de Larco a fin de permitirnos comparar los desarrollos de las diversas regiones.

  • Una sola entidad política

La tercera característica de la sociedad Mochica, y por cierto la menos discutida, es la concerniente a su estructura política. Si bien nunca se ha publicado un tratado comprensivo acerca de la organización política de la sociedad Mochica, a través de los años se han planteado algunos argumentos acerca de su nivel de complejidad (ver Shimada 1994). Estos argumentos, como veremos, adolecen de los mismos defectos que discutimos en las dos secciones anteriores. En la caracterización de las estructuras políticas se ha proyectado lo que sabemos para la región sur a todo el ámbito Mochica, asumiendo que todos los valles de la costa norte estuvieron en algún momento bajo el control político de un estado centralizado con sede en Moche. El colapso de este estado fue, por lo tanto, el fin del fenómeno Mochica en toda la costa norte. En un estado centralizado esperamos que el desarrollo en diversas regiones sea idéntico o por lo menos congruente, es decir que las instituciones sociales, económicas e ideológicas debieron desarrollarse paralelamente, sólo alcanzando mayor complejidad en el centro administrativo. El impacto de agentes exógenos debió afectar a todas las regiones integradas bajo el régimen centralizado por igual. Esto es aparentemente lo que sucede con el estado que se desarrolló entre Chicama y Nepeña, pero la información disponible en este momento contradice estos argumentos para la zona al norte de la Pampa de Paiján.

La indicación más clara de la complejidad, capacidad administrativa y militar de la sociedad Mochica-Sur, y de la necesidad de integrar a la esfera del estado nuevos territorios y una fuerza laboral más extensa está dada por el proceso de expansión y conquista de los valles al sur de Moche. Se ha argüido que esta expansión está documentada en dos fuentes: en las escenas de guerra o combate características de la iconografía Mochica y en la distribución de una serie de artefactos y elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa. Ford, por ejemplo resume este proceso diciendo que " Chicama parece haber vencido en la carrera local por cohesión política y poder militar. El movimiento que esparció el fenómeno ceremonial Mochica hasta Nepeña fue casi seguramente militar en naturaleza" (Ford y Willey 1949:66). Ford veía en este proceso no sólo un aspecto militar, sino una expresión de instituciones que combinaban el poder físico de la guerra con el consenso generado por los sistemas ideológicos. El impacto e influencia de la ideología Mochica esta evidenciado en la producción y distribución de la cerámica ceremonial Mochica. Para Ford la ideología Mochica tuvo un papel preponderante en el proceso de incorporación de los territorios conquistados, cosa que se podía ver en las piezas decoradas que debieron de haber sido hechas por sacerdotes ceramistas, ligados a las clases gobernantes (Ford y Willey 1949:66).

La sociedad Mochica ha sido caracterizada con mucha frecuencia a partir de una serie de evidencias indirectas como una sociedad guerrera. Entre estas evidencias destacan ajuares funerarios de individuos adultos masculinos que incluyen parafernalia militar como porras, hondas, lanzas y mazas de guerra, y representaciones iconográficas donde dos grupos de guerreros combaten. Estas características han sido muchas veces usadas como demostración de la capacidad de esta sociedad para emprender la conquista de un amplio territorio. El uso de la iconografía Mochica como fuente histórica, como lo señalara Strong y Evans (1952:216-226) no sólo es peligroso sino que puede resultar francamente erróneo cuando se utiliza descuidadamente. La famosas escenas de guerra o combate presentan una serie de problemas si se quieren interpretar como ilustraciones de combates reales, especialmente si suponemos que representan los combates que se realizaron para expandir el territorio Mochica hacia el sur. En las escenas de combate ambos bandos en conflicto son, en la mayoría de los casos, Mochicas, en base a sus tocados, ornamentos y ropajes. En estas escenas rara vez se produce la muerte de un enemigo, sino que el derrotado es despojado de su tocado y sus ropajes, se le ata una cuerda al cuello y se le transporta a un recinto ceremonial, o en balsas. El destino final de los guerreros vencidos será la muerte por desangramiento, y la sangre será a su vez consumida "ritualmente" por una serie de divinidades (Alva y Donnan 1993, Donnan y Castillo 1992, 1994).

Si éstas son realmente representaciones de guerra resulta sospechoso que no se produzcan muertes, que luchen Mochicas contra Mochicas y que no hayan escenas de conquista o saqueo. Donnan y Hocquenghem han planteado convincente e independientemente que lo que se representa son combates ceremoniales donde grupos de guerreros Mochicas se enfrentan, uno a uno y cuerpo a cuerpo, en pos de prisioneros para los rituales de la ceremonia del sacrificio (Alva y Donnan 1993, Donnan 1988, Hocquenghem 1987). El acentuado militarismo Mochica, sobre todo la guerra expansiva (Wilson 1988), no está necesariamente representado en el arte, como tampoco está su maestría en tecnología hidráulica, su capacidad para organizar grandes fuerzas laborales, su complejo sistema de comunicaciones, ni siquiera la producción especializada de cerámica, pinturas murales y otras actividades de la vida cotidiana.

La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochicas en los valles de Virú a Nepeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en estos valles en la fase III (Donnan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988). A partir de este período estos valles son inundados con sitios de clara filiación Mochica, y muchos sitios asociados con la precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas constructivas, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el resultado de un cambio de mandos, y políticas.

Ya que es lógico asumir que la expansión Mochica no contó con el entusiasta apoyo de las élites locales, podemos deducir por la intensidad y el efecto que tuvo sobre la población local que ésta se realizó a través de un proceso de conquista militar, o que el proceso tuvo un fuerte componente de este tipo. Hay que reconocer en este punto que carecemos de evidencias arqueológicas directas que nos indiquen cuál fue la mecánica de la expansión. A raíz de esta conquista grandes centros Mochicas aparecen en las partes bajas de los valles (Huancaco, Pampa de los Incas). La cerámica asociada con estos centros es a partir de este momento el ubicuo estilo Mochica IV, caracterizada por Moseley como el estilo corporativo de esta sociedad (1992). A partir de estas evidencias se concluye, por lo tanto, que durante la fase Mochica IV todas las áreas de la costa entre Chicama y Nepeña estuvieron bajo el control de un único y unificado estado Mochica.

El fenómeno expansivo evidenciado en los valles del área Mochica-Sur es el resultado del crecimiento de un sistema estatal centralizado. La naturaleza estatal de la sociedad Mochica-Sur resulta una interpretación obvia de una abrumadora cantidad de evidencias. Entre estas destacan evidencias funerarias (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) y de organización interna de los sitios (Bawden 1977, Topic 1977) que indican que la sociedad Mochica estuvo complejamente jerarquizada, con posiciones sociales definidas desde el nacimiento y con una élite gobernante que basaba su poder en una combinación de coerción y consenso a través de la manipulación de violencia institucionalizada y de rituales así como otros mecanismos ideológicos. Los Mochicas tuvieron una economía planificada, centralizada y al servicio preferente de las élites gobernantes, con un vasto número de especialistas controlados por el estado, y un uso casi ilimitado de la mano de obra de los segmentos sociales dependientes. La magnitud de las obras públicas emprendidas por los Mochicas, tanto de infraestructura productiva como ideológica, implican niveles de trabajo y de planificación sorprendentes. La elaboración en las ceremonias religiosas, especialmente las relacionadas con el sacrificio de prisioneros y con rituales funerarios, y la participación diferenciada en ellos de diversos segmentos de la población (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo 1992, 1994) demuestran la importancia de este ámbito en la sociedad Mochica. Evidencias de todos estos aspectos, y no sólo unas cuantas piezas cerámicas, aparecen implantadas en los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña a partir de la fase Mochica IV.

Al sur del valle de Nepeña encontramos algunas evidencias de presencia Mochica, pero ninguna que implique ocupación permanente o control geopolítico. En el valle de Nepeña, que correspondería a la frontera sur del estado Mochica-Sur, encontramos una distribución de sitios Mochicas muy peculiar y que permitirían entender algunas características del proceso expansivo. En el valle de Nepeña, a diferencia de Virú y Santa, no encontramos un conjunto de sitios de diverso tamaño y función distribuidos homogéneamente a lo largo del territorio, sino un único gran centro ceremonial, Pañamarca, rodeado de pequeños cementerios (Proulx 1968, 1973). Este gran centro ceremonial vendría a ser un puesto de avanzada, con el que los Mochicas habrían iniciado la penetración en el valle de Nepeña. Este puesto está constituido, contrariamente a lo que podríamos imaginarnos, no por un edificio militar o defensivo, o por una sede administrativa, sino por un centro ceremonial. Encontrar templos donde esperábamos fortalezas nos permite entender que la ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado Mochica.

Como se discutió en las secciones anteriores, debemos de preguntarnos cuál es el ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza política del estado Mochica. Larco y otros investigadores pioneros formularon sus interpretaciones pensando, nuevamente, en el área nuclear, y no en los valles de la periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones serían válidas sólo a ella. Larco estuvo en lo cierto al pensar que toda esta región estuvo en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política segmentada en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía gozaron las diversas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, no lo podremos saber hasta que no se realicen más excavaciones en sitios domésticos y centros administrativos Mochicas. En cualquier caso, Larco ya afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un conjunto de gobernantes regionales, los Alaec (Larco 1945:22-23). Larco dedujo esta organización sólo de la distribución de vasos retratos; posteriormente sus ideas han sido corroboradas en base al estudio del patrón de asentamiento en los territorios conquistados.

Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los resultados de proyectos realizados al norte de esta región. Una de las diferencias más significativas es que la cerámica de los periodos Mochica III y IV, el estilo corporativo directamente asociado con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur respectivamente, y encontrado en enormes cantidades en los valles entre Chicama y Nepeña, sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque. Cómo explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no se vea reflejado en ninguno de estos valles. Se trata acaso de un problema en la muestra, o estas diferencias obedecen a diferencias estructurales, es decir son el resultado de la acción de estados o entidades políticas distintas. La circunscrita aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas comienza a ser evidente cuando se trata de aplicarlas a los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región desde los años 60' comenzaron a aparecer importantes evidencias de la ocupación Mochica. En estos valles aparecen evidencias que permiten definir grupos semejantes en muchos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo independiente y con características peculiares en su cultura material que serán discutidas en la siguiente sección.

 

Segunda Parte: Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur

Hasta este momento nos hemos limitado a cuestionar la idea que sostenía que la cultura Mochica, en todas las regiones donde ocurrió, fue el resultado del mismo fenómeno político y social. Si esta noción no es válida, y lo que entendíamos como Mochica sólo es aplicable a la esfera sur de este fenómeno, entonces cómo debemos caracterizar a la sociedad Mochica-Norte.

La intención de esta sección no es dar cuenta definitivamente de todas las características del fenómeno Mochica-Norte. Esta tarea es teórica y prácticamente imposible a estas alturas por cuanto la mayor parte de la información arqueológica que se tenía antes de 1985 tiene que ser analizada e interpretada nuevamente, y la información que se ha recogido después de esta fecha en su mayoría aun no ha sido publicada. Lo que podemos hacer con los datos con que contamos es ofrecer una perspectiva regional, la del valle del Jequetepeque, donde se han concentrado nuestras investigaciones hasta la fecha.

Una salvedad es de rigor en este punto para evitar caer en el mismo tipo de error que se critica aquí. El valle del Jequetepeque, y la historia cultural que allí estamos reconstruyendo con un programa sistemático de investigaciones, no necesariamente deberá ser entendido como un microcosmos de la historia cultural de toda la región Mochica-Norte. Es muy posible que los resultados con que contamos para esta región nos presenten un desarrollo que, si bien más cercano a lo que aconteció en Lambayeque y Piura que lo que pasaba en la región sur, es sin embargo sólo una expresión regional. No podemos asegurar, en resumidas cuentas, si los diferentes valles de la región Mochica-Norte no tuvieron desarrollos independientes. Todo parece indicar, por ejemplo, que la secuencia de Piura sería distinta, y posiblemente más corta que la secuencia de los otros valles; Lambayeque, por otro lado experimentó un florecimiento durante el período Mochica Tardío que no es comparable con el de los otros valles. Dicho esto podemos regresar a las diferencias entre el Mochica-Norte y el Mochica-Sur, y la secuencia planteada aquí para caracterizar el desarrollo del fenómeno Mochica-Norte en el valle del Jequetepeque.

Aparentemente los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura estuvieron física y culturalmente separados de los valles del territorio Mochica-Sur. Entre las dos regiones se encuentra la Pampa de Paiján, una llanura desértica de más de 50 kilómetros de extensión que sirvió como barrera natural y cultural para sociedades prehispánica antes y después de los Mochicas (Donnan y Cock 1986b). Esta barrera no sólo fue cosa del pasado; Trujillo y Chiclayo, cada una con sus respectivas órbitas de influencia, marcan todavía la separación de las dos grandes regiones de la costa norte. La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo Mochica en Jequetepeque indica, más bien, que los Mochicas de Jequetepeque mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa norte con la zona andina central. Estos intercambios experimentaron un inusitado desarrollo durante las primeras fases del horizonte medio, coincidiendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones, entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.

Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmente la compleja cerámica ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los prestamos y las idiosincrasias locales.

Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones cerámicas sureña y norteña:

a) la escasez pronunciada de cerámica Mochica-Sur de la fase IV y de una serie de formas como huacos retratos, cancheros y floreros en los valles al norte de la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo Mochica IV (Castillo y Donnan 1994);

b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana, especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o animales (Donnan 1990, Narváez 1994);

c) la predominancia de jarras y cántaros de cara-gollete en las fases Media y Tardía del Mochica-Norte (Ubbelohde-Doering 1983); y

d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el período Mochica-Norte Tardío (McClelland 1990, Donnan y McClelland 1979).

  • El fenómeno Mochica Norte

El primer indicio que nos reveló que la secuencia cerámica, y por lo tanto la historia ocupacional de las dos regiones de la costa norte habían seguido diferentes derroteros fue la carencia de una serie de formas y estilos comúnmente asociados con el fenómeno Mochica-Sur. Dos formas son peculiarmente escasas: los floreros, y los cancheros. Algunos floreros de estilo Mochica V han sido excavados en Pampa Grande (Shimada 1976:194) pero podrían haber sido importados desde el sur. Igualmente cancheros han sido reportados muy pocas veces en la región norte, en Sipán (Alva, comunicación personal 1994) y en la región de Vicús (Makowski, comunicación personal 1994). Tampoco aparecen en esta región los llamados huaco retratos. La carencia de estas formas, de acuerdo a lo planteado por Larco, significaría que esta región no estuvo dentro del ámbito de control de los Cie quich con sede en Moche y Chicama.

La escasa presencia de cerámica de estilo Mochica IV en los valles al norte de la Pampa de Paiján es aun más significativa. Es importante recalcar que no se trata de una absoluta carencia ya que existen algunos reportes de cerámica Mochica IV en la región, sino de una escasez pronunciada, especialmente en relación a las cantidades que encontramos en los valles de la región sureña. Carlos Elera (comunicación personal, 1994) excavó un conjunto de ceramios de este estilo en Puerto de Eten (ver Shimada 1994:55). Carlos Deza (comunicación personal, 1993) afirma haber visto a huaqueros ofreciendo piezas Mochica IV en el valle de Zaña. Izumi Shimada también ha reportado este tipo de cerámica para una serie de sitios en Batán Grande pero sin documentar sus aseveraciones (1994). En colecciones del valle del Jequetepeque existen algunas pocas piezas en este estilo, pero parecen haber sido traídas desde el sur. Shimada (1994:39) publicó un mapa de "las ocupaciones Moche documentadas" en los valles de Reque-Chancay y Zaña con indicaciones de las fases Mochicas en que estos sitios fueron ocupados. Una inspección directa de una serie de los sitios presentados en dicho mapa (Santa Rosa, Sipán, Saltur, Collique y Cerro Corbacho) arrojó resultados negativos en cuanto a la presencia Mochica IV. Tampoco encontraron este estilo de cerámica investigadores que han trabajado en esta región por varios años (Walter Alva, Jorge Centurión, y Carlos Wester; comunicación personal, 1993). Con relación a Pampa Grande, también mencionada en dicho mapa, si bien en un reconocimiento parcial del sitio no pudimos encontrar materiales Mochica IV es posible que excavaciones estratigráficas pudieran haber producido este tipo de materiales. Esperamos la publicación de los resultados de la investigación de Kent Day y Izumi Shimada donde estas incógnitas deberán ser resueltas y documentadas.

En conclusión, existen evidencias de la presencia de cerámica de estilo Mochica IV en la región norte, pero en cantidades muy limitadas y en contextos muy mal documentados. Por falta de información contextual no se puede determinar aún si se trata de piezas intercambiadas, o de evidencias de pequeños asentamientos controlados por los Mochica-Sur. Aparentemente un cierto intercambio de cerámica existió entre las dos regiones (Larco 1966b. También se intercambiaban piezas de cerámica con la sierra norte aledaña, conchas de spondylus con el Ecuador y plumas con la región amazónica. Por cierto, ninguno de estos intercambios tuvo consecuencias de largo plazo en términos de la identidad o independencia política del estado Mochica-Norte. El conjunto de piezas encontrado por Elera en un pozo de prueba en el Puerto de Eten, y los materiales encontrados por Shimada en Batán Grande podría corresponder a la segunda posibilidad, un pequeño asentamiento. Lo que resulta sospechoso es que, hasta la fecha, sitios arqueológicos Mochica IV, especialmente sitios de la magnitud de los asentamientos encontrados en los valles de Chicama a Nepeña, no han sido reportados. Si los Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo hicieron a través de un sistema de asentamientos insólito y que además ha burlado a cinco generaciones de arqueólogos.

Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados Mochicas es muy importante. Moseley definió acertadamente al estilo Mochica IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en un sitio arqueológico delata la presencia, y en algunos casos permite documentar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo confirman que hayan habido contactos entre estas entidades políticas, cantidades limitadas de este estilo cerámico no pueden ser interpretadas como evidencias de la conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Ninguno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera. En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que también pueden ser considerados corporativos, con características propias que reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la cercanía cultural de las dos regiones Mochicas, presentan muchos rasgos en común con su contraparte sureña, sin embargo su desarrollo, es decir su secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a enfatizar que diferencias en las estructuras políticas no necesariamente indican diferencias culturales, es decir que los Mochicas constituyeron diferentes estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados Mochica-Norte y Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes. La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político de las élites aparece como uno de los más importantes elementos de intercomunicación entre estos estados.

 

 

 

  • La secuencia cerámica del Mochica Norte

Las diferencias entre las tradiciones cerámicas Mochica-Norte y Mochica-Sur permiten aislar estos dos estilos y seguir independientemente su desarrollo. En el caso de la cerámica Mochica-Norte este desarrollo puede ser dividido, en este momento, en sólo tres fases: Mochica Temprano, Medio y Tardío (Castillo y Donnan 1994). Las tres fases del Mochica-Norte en Jequetepeque (Figura 10) han sido reconstruidas a partir de un cuidadoso análisis de datos estratigráficos provenientes de las excavaciones en San José de Moro (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.) y Pacatnamú (Donnan y Cock 1986b, Ubbelohde-Doering 1983), del examen de contextos funerarios excavados en La Mina, Pacatnamú y San José de Moro (Castillo ms., Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Donnan y Cock 1986b, Donnan y McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983) y de información derivada de un análisis cuidadoso de colecciones locales. La información estratigráfica encontrada hasta la fecha sugiere dos períodos ocupacionales, que incluyen la construcción de tumbas, que estarían asociados con especímenes cerámicos de lo que más adelante se caracteriza como Mochica Medio y Tardío. No se ha podido ubicar aún evidencia estratigráfica para la fase temprana de la secuencia, sin embargo, es posible encontrar conjuntos de ceramios que corresponderían con este período. En base a estos datos se han podido organizar más de ciento treinta entierros Mochicas excavados arqueológicamente en Jequetepeque en estos tres períodos. Los materiales asociados con estos entierros, y su ocurrencia en los perfiles estratigráficos han permitido reconstruir las tres fases estilísticas de la cerámica Mochica en el valle del Jequetepeque.

  • El período Mochica Temprano

De los tres períodos que conforman la secuencia ocupacional Mochica del valle del Jequetepeque, el período Mochica Temprano es el menos documentado. Evidencias de este período han sido encontradas en sólo cuatro sitios del valle: Pacatnamú, La Mina, Tolón y Dos Cabezas (Figura 10). Lamentablemente, con contadas excepciones, la mayor parte de la información que poseemos de la ocupación Mochica Temprano de estos sitios no ha sido documentada arqueológicamente. Por esta razón casi toda la cerámica que podemos reconocer para este período es de alta calidad; ceramios de calidad media, como jarras y figurinas, o ceramios simples de uso doméstico, como ollas y cuencos, son casi desconocidos.

En Pacatnamú, ubicado al norte de la desembocadura del río Jequetepeque, el período Mochica Temprano está representado únicamente por una botella con asa estribo modelada en forma de búho (Figura E1). Este ceramio fue excavado por Heinrich Ubbelohde-Doering en una simple tumba de pozo junto con una olla con cuello que posiblemente pertenece al período Mochica Medio (Ubbelohde-Doering 1967:26, 67; 1983: 128-129). Cabe la posibilidad que la tumba, y no sólo la olla, pertenezca al período Mochica Medio, en cuyo caso la botella con asa de estribo habría sido considerablemente antigua cuando fue puesta en la tumba. Ninguna de las otras 126 tumbas Mochicas excavadas en Pacatnamú contenían cerámica diagnóstica para el período Mochica Temprano, así como tampoco se reportaron fragmentos de cerámica de este período de las extensas excavaciones conducidas en el sitio por Ubbelohde-Doering en 1937-39, 1953-54 y 1962-63, y por Donnan y Cock entre 1983 y 1987. Esto implica que si bien Pacatnamú tuvo una ocupación Mochica significativa durante los períodos Medio y Tardío, el sitio no fue ocupado durante el período Temprano.

El sitio de La Mina es posiblemente el lugar más importante donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada (Donnan 1990, Narváez 1994). La Mina se encuentra en la margen sur del valle del Jequetepeque, aproximadamente a 5 kilómetros del mar (Figura 10). La historia de la excavación de la Mina es un tanto penosa, ya que si bien es el único sitio Mochica Temprano que se ha podido excavar arqueológicamente, esto fue posible únicamente después de que los huaqueros habían dado cuanta de casi todo el contenido de la tumba. Aproximadamente a mediados de 1988, un grupo de huaqueros comenzó a extraer una gran cantidad de objetos de oro, plata y cobre aparentemente de una rica tumba Mochica en el valle del Jequetepeque. La tecnología, forma y extraordinaria calidad artística de estos objetos (Lavalle 1992) era similar a la de objetos encontrados en las tumbas reales excavadas por Walter Alva en Sipán, en el valle de Reque (Alva 1988, 1990; Alva y Donnan 1993; Figuras 1 y 2). Sin embargo, el estilo de estas piezas era suficientemente diferente del estilo de los objetos encontrados en Sipán como para distinguir fácilmente ambos conjuntos (Donnan 1990). Junto con los objetos metálicos los huaqueros aparentemente encontraron un gran número de botellas de cerámica modeladas en forma de seres humanos, animales y aves, incluyendo búhos casi idénticos a la botella encontrada por Ubbelohde-Doering en Pacatnamú.

En Mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación de salvataje a cargo de Alfredo Narváez, y con la colaboración de Christopher Donnan y Alana Cordy-Collins (Narváez 1994, Donnan 1990). Excavando cuidadosamente un área de la tumba que no había sido disturbada, los arqueólogos encontraron siete botellas de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Figura E2). Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones, un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola (Figura E3), un búho (Figura E4), y un individuo sentado con un tocado circular (Figura E5). También se encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de un cóndor (Figura E6) y una jarra con abultamientos en la cámara (Figura E7). Los ceramios recuperados arqueológicamente de La Mina estaban todos rotos por compresión debido al peso del relleno. Más aún, durante la excavación de salvataje se recuperaron numerosas piezas de concha cortada que originalmente fueron incrustaciones usadas para adornar los ojos y otros accesorios de las piezas cerámicas que fueron extraídas de la tumba por los huaqueros.

Tolón, un tercer lugar en donde se encontraron especímenes cerámicos del período Mochica Temprano, a diferencia de los otros tres sitios está localizado en la margen sur del valle medio del Jequetepeque, aproximadamente a 33 kilómetros del mar (Figura 10). A mediados de los años setenta un numero de tumbas simples de pozo conteniendo ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas del sitio (Figuras E8 a E16). Estas piezas están modeladas en forma de individuos sentados o arrodillados (Figuras E8 a E11), felinos (Figuras E12 a E14) y aves, incluyendo búhos (Figuras E15 y E16). Muchas de estas piezas son casi idénticas a las encontradas en La Mina (por ejemplo, comparar las figuras E5 y E9), y por lo tanto su contemporaneidad y afiliación estilística parece segura.

El cuarto sitio donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada es Dos Cabezas (Figura 10), ubicado al sur de la desembocadura del río Jequetepeque. El sitio está constituido por varias pirámides de regular tamaño, áreas de aparente carácter doméstico adyacentes a las grandes estructuras y lo que parecen ser basurales, que además contienen evidencias de pequeñas habitaciones y numerosos fogones. Si bien Dos Cabezas no ha sido aún excavado arqueológicamente, un examen cuidadoso de los fragmentos de cerámica que se encuentran en el sitio sugiere que su ocupación incluye tanto el estilo Virú, que normalmente precede al estilo Mochica, así como el período Mochica Temprano. Hasta que no se realicen

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18 Mayo 2007

LOS DIAROS DE MUSOLINNI

Los diarios secretos de Benito Mussolini, en el centro de una polémica en Italia

Un senador derechista dijo que los vio y leyó en Suiza. Son 5 agendas con datos cotidianos. Estaban en la casa de los hijos de un partisano que lo arrestó. Dudas de los historiadores.

REVELACION. El senador Marcello Dell´Utri, en una imagen de archivo. (AP)
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Julio Algañaraz ROMA CORRESPONSAL

jalganaraz@clarin.com

Un senador italiano, estrecho amigo de Silvio Berlusconi, anunció ayer en Trieste que han sido encontrados los diarios que el dictador fascista Benito Mussolini escribió en el período 1935-39 en cinco agendas de la Cruz Roja.

"Los vi y los leí en Bellinzona (Suiza), en casa de los hijos de uno de los partisanos que en Dongo arrestó a Mussolini el 27 de abril de 1945. Fueron los hijos los que me contactaron y me permitieron leer en detalle las cinco agendas en que fueron escritos los diarios, con observaciones cotidianas que hacía el Duce", dijo Marcello Dell'Utri.

El senador de Forza Italia fue compañero de estudios de Silvio Berlusconi, ex primer ministro, actual jefe de la oposición de centroderecha. Dell'Utri construyó la gigantesca empresa Publitalia, que gestiona la publicidad de las tres grandes redes privadas italianas, en manos de Berlusconi. Siciliano, el senador fue acusado de ser hombre de Cosa Nostra. Un tribunal de Palermo lo condenó a 9 años de cárcel por complicidad con la mafia. El proceso se encuentra hoy en apelación.

Dell'Utri es también un experto bibliófilo y dijo ayer que se está perfeccionando la venta de los diarios a un editor que no identificó. Explicó también que preparará un libro respecto al hallazgo.

No sería raro que el editor fuera el propio Silvio Berlusconi, quien entre sus muchos negocios es propietario de la Editorial Mondadori, una de las dos más grandes de Italia junto con la sociedad Rizzoli-Corriere della Sera.

El senador Dell'Utri mostró a los periodistas unas fotocopias de los diarios y dijo que se han hecho ya pruebas fehacientes de autenticidad, tanto caligráficas como de la consistencia de la tinta y el papel utilizados. Dell'Utri dijo que falta el consentimiento de los familiares de Mussolini para la publicación de los diarios. Y que todavía no se ha perfeccionado la compra de las cinco agendas.

Dos historiadores de la época, Valerio Castronovo y Giovanni Salbatucchi, se mostraron escépticos con respecto al descubrimiento, porque "en el último medio siglo han aparecido muchos diarios de Mussolini y casi todos se revelaron falsos".

Dell'Utri leyó algunos párrafos cuidadosamente seleccionados de los diarios, que culminan el 31 de agosto de 1939, o sea el día antes del ataque de la Alemania de Hitler a Polonia que significó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. "No podemos y no debemos tomar las armas que no tenemos", afirma un pasaje escrito por el Duce. Los alemanes "hoy son aliados pero en cualquier momento pueden ser enemigos".

El diario concluye con esta reflexión contra los alemanes que estaban por comenzar la guerra. "Cuando los alemanes eran propensos a tratar, los ingleses no están dispuestos y viceversa. Los alemanes cargan las tintas, estos perros. No quieren otra cosa que la guerra y basta. No puedo que augurarles grandes derrotas que no terminen nunca".

Las frases elegidas junto con la nieta del Duce, la diputada de extrema derecha Alessandra Mussolini, a quien Dell'Utri le contó hace un año que había encontrado los diarios, hacen sospechar que hay una operación para mejorar la imagen del dictador fascista.

Los historiadores consultados recordaron que Mussolini siguió un camino opuesto al que proclama en sus diarios. Promovió las bárbaras leyes raciales contra los judíos en 1938 para complacer a Hitler, hizo entrar en una guerra a Italia en junio de 1940 aliado a los alemanes, y fue fiel ejecutor de la voluntad del tirano nazi.

Dell'Utri reveló otra página del último diario, de febrero de 1939. Ese día murió el papa Pío XI. Mussolini escribió: "el Papa ha muerto. Quería la conciliación. Tuve el honor de ser ejecutor y parte. Ha sido un Papa extraordinario. Espero ahora un Papa 'Angelicus' y no un politicante o intrigante, como somos nosotros".

La historia de estos diarios no es nueva. En 1994, el diario inglés Sunday Telegraph anunció el descubrimiento de las agendas. Se dijo entonces que las encontró un empresario de la construcción en un mueble de su padre partisano, muerto en 1962. El hombre, que podría ser el mismo que ahora vendió las agendas al senador Dell'Utri, contó que su padre era amigo del legendario partisano Pedro, nombre de batalla del conde Pier Bellini delle Stelle, comandante de los partisanos que el 27 de abril arrestaron a Mussolini y a un numeroso grupo de fascistas cuando escapaban a Suiza (ver aparte). Pero aquella historia se disolvió con el paso del tiempo, porque los historiadores convocados para estudiar las agendas se mostraron escépticos acerca de su autenticidad.






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28 Abril 2007

LASSE VIRÉN GANO A PREFONTAINE EN OLIMPIADA DE MUNICH 1972

Debutó en la escena internacional en 1971 con un 7º puesto en los 5.000 m de los Campeonatos de Europa de Helsinki.
Fue una de las grandes estrellas de los Juegos Olímpicos de Munich 1972, al conseguir ganar tanto en 5.000 como en 10.000 m. Además en los 10.000 m batió el récord mundial con 27:38,4 en una carrera épica en la que sufrió un tropezón y se cayó cuando iba por la vuelta 12, y aun así se levantó consiguiendo la victoria y el récord.
Era el cuarto atleta de la historia en ganar ambas pruebas en los Juegos Olímpicos, tras Hannes Kolehmainen en 1912, Emil Zatopek en 1952 y Vladimir Kuts en 1956.
Pocas semanas después de los Juegos estableció en Helsinki un nuevo récord mundial en los 5.000 m con 13:16,4.
En los años siguientes su nivel bajó bastante, no consiguiendo acercarse a sus registros anteriores. En los Campeonatos de Europa de Roma 1974 solo pudo ganar la medalla de bronce en los 5.000 m y ser 7º en los 10.000 m.
Sin embargo llegó en plena forma a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, donde además intentó igualar la proeza de Zatopek ganando los 5.000 m, los 10.000 m y la maratón en unos mismos Juegos. Finalmente Lasse Virén ganó oro en los 5.000 y en los 10.000, mientras que fue 5º en la maratón (disputada 18 horas después de la final de los 5.000 metros) .
Fue el primer atleta (y único hasta hoy) de la historia en hacer el doblete en los 5.000 y los 10.000 m en dos Juegos Olímpicos.
Virén se vio salpicado por la polémica cuando después de ganar los 10.000 m en Montreal dio la vuelta de honor exhibiendo sus zapatillas en la mano. El Comité Olímpico Internacional le recrimininó por esta supuesta publicidad de su patrocinador. Virén destacó el hecho de que sufría ampollas en ambos pies.
Las hazañas de Virén siempre han ido acompañadas por la sombra del dopaje. Se especulaba que el propio Virén, cuando aun estaba en activo, combinaba el entrenamiento en altitud con autotransfusiones de sangre, empleando lo que comúnmente se denomina el dopaje sanguíneo. Aunque hay que aclarar que esta práctica no era ilegal en los años 70, y que solo fue prohibida a partir de 1985. En cualquier caso es evidente que tal uso ofrecería una cierta ventaja sobre el resto de atletas que no utilizaban este método.
No obstante, tales pruebas nunca fueron verdaderamente confirmadas por el propio atleta finés. Es más, una editorial alemana ofreció en su dia un millón de dólares solicitando de Virén la verdad sobre el doping sanguíneo. Virén aceptó a declarar su versión de la historia. Mas en cuanto el campeón olímpico dejó claro que nunca se había dopado, la oferta desapareció. Esto ocurría cuando Virén se ganaba la vida como policía, ganando una cantidad mezquina, en su ciudad natal de Myrskylä y dependiendo de apoyos esporádicos y tacaños de la federación finlandesa de atletismo para trasladarse a Colombia y Brasil para entrenar en relieves con altitud y clima estable.
1949- ) Atleta finlandés, n. en Myrskyla. Especialista en carreras de fondo, en los Juegos Olímpicos de Munich (1972) se alzó con la victoria primero en 10000 m, donde tras caerse junto con Gammoudi y continuar la carrera batió el récord mundial (27' 38",4), y después en 5000 m, cuyo récord del mundo batiría posteriormente (13' 16",4). Tras decidir que su próximo objetivo sería los Juegos de Montréal de 1976, no efectuó competiciones duras en los años intermedios y se entrenó en las montañas de Colombia y Kenya, volviendo a vencer en dicha Olimpiada en 10000 y 5000 m, quedando 5.º en la maratón. En los Juegos de Moscú (1980), se clasificó 5.º en los 10000 m. Se distinguió sobre todo por sus extraordinarios finales de carrera.
Atleta finlandes, n. en Myrskyla. Especialista en carreras de fondo, en los Juegos Olimpicos de Munich (1972) se alzo con la victoria primero en 10000 m, donde tras caerse junto con Gammoudi y continuar la carrera batio el record mundial (27 38,4), y despues en 5000 m, cuyo record del mundo batiria posteriormente (13 16,4). Tras decidir que su proximo objetivo seria los Juegos de Montreal de 1976, no efectuo competiciones duras en los a?os intermedios y se entreno en las monta?as de Colombia y Kenya, volviendo a vencer en dicha Olimpiada en 10000 y 5000 m, quedando 5.? en la maraton. En los Juegos de Mosc? (1980), se clasifico 5.? en los 10000 m. Se distinguio sobre todo por sus extraordinarios finales de carrera. (1949- )

Parte de la razón por la que se ha sospechado su culpabilidad es debido al uso de tal método por otros atletas finlandeses de la época. También se sabe de Virén que su personalidad, a veces sarcástica, daba a pensar lo que de verdad estaba haciendo entre carreras. Cuando reporteros le preguntaban cual era su secreto, muchas veces respondía que tomaba leche de reno. Pero quizás lo que más le persiguió fue su silencio ártico y su obsesión a no darle más vueltas a la cosa.
Virén se retiró del atletismo tras los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, donde ocupó la 5ª plaza en los 10.000 m, a pesar de haber estado arrastrando una lesión en el muslo que casi lo dejó en la deriba. No lograría su clasificación para la final de los 10.000 metros (consiguiendo un insuficiente 28' 45"), si no fuese por el hecho de que el irlandés John Treacy se lesionara en una de las semifinales. Merced a este forfeit y al hecho de que era el siguiente atleta con mejor marca, Virén consiguió meterse en su tercera final olímpica de 10.000 metros.
Virén es uno de los grandes atletas de la historia, y una figura enomemente popular en Finlandia, donde es diputado en el Parlamento.
En los años 70, sus actuaciones rememoraban la época de los "finlandeses voladores" como Hannes Kolehmainen, Paavo Nurmi o Ville Ritola, grandes dominadores de las pruebas de fondo en los años 20.

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28 Abril 2007

recordando a un grande de deporteAbebe Bikila (1932-1973) nació en Etiopía en 1932.

Este corredor etíope de carreras de fondo y maratón, figura en los anales de los Juegos Olímpicos, por un lado por su espectacular actuación en las olimpíadas de Roma en 1960, en que obtuvo la Medalla de Oro, habiendo realizado toda la prueba descalzo, logrando el récord mundial de 2 horas quince minutos 16,2 segundos. Fue aquí, el primer africano negro en obtener medalla.




bullet En 1964, y cuando hacía un mes y medio que lo habían operado de apendicitis, repite la hazaña en Tokio, ya usando calzado, y superando su propio récord, logrando un tiempo de 2 horas, 12 minutos, 11,2 segundos.
bullet A lo largo de su carrera participó en 15 maratones, de las cuales ganó doce.
bullet En 1969, un accidente lo dejó paralítico, y en 1973 murió en forma trágica

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16 Julio 2006

LAS MALDICIONES PARA FAMOSOS

Aquél que practica el máximo bien, que sólo tiene, diariamente, los doce o catorce accesos de egoísmo compatibles con la vida humana normal, aquél que tiene confianza en el invisible y en su constante ayuda, no tiene nada que temer de los hechiceros ni del maleficio...", Papus.
Para unos, simple superchería, para otros, verdad incuestionable, mientras que los menos demuestran escepticismo a la espera de pruebas que corroboren o no su existencia. Lo cierto es que la creencia en las maldiciones está mucho más enraizada en el mundo de lo que en principio pudiera pensarse. ¿Qué hay de cierto en todo ello?
Hace poco fallecía en accidente de aviación John John Kennedy, el que fuera hijo del asesinado presidente de los Estados Unidos John Fiztgerald Kennedy. Junto a él, en la siniestrada Piper Saratoga II HP, viajaban su mujer y la hermana de ésta. Se trata de uno de los accidentes más absurdos de cuantos se recuerdan en la historia de aquel país. Sobre todo teniendo en cuenta los factores que, al parecer, pudieron intervenir en que las gélidas aguas del Pacífico se tragaran sus cuerpos: John había obtenido su licencia de vuelo el 22 de abril de 1998, era la primera vez que viajaba sin instructor, no disponía de la cualificación pertinente para volar con instrumentos de navegación, había niebla aquella noche, al joven se le acababa de retirar una escayola y para colmo, no contactó con ninguna torre de control ni facilitó el plan de vuelo. Cualquiera podría pensar que se trató de una especie de "suicidio" colectivo. No obstante, para otros, esta muerte tan sólo sería el penúltimo capítulo de una maldición familiar por entregas...
Una saga tocada por la fatalidad
Éste no es el primer acontecimiento desgraciado que al clan le ha tocado vivir. Cuatro de los hijos engendrados por el patriarca Joseph P. Kennedy y su mujer Rose E. Fitzgerald desaparecieron violentamente: Joe Jr. murió a los 29 años, al estallar el bombardero cargado de TNT que pilotaba voluntariamente en 1944 en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Kathleen "Kitty" también se estrelló cuando volaba junto a su amante a Cannes en 1948 después de que el piloto desaconsejase el viaje debido a las malas condiciones meteorológicas. Tras un breve respiro, le llegó el turno a John Fitzgerald Kennedy, quien en 1963 moriría ante millones de personas. Su magnicidio se ha convertido en uno de los hechos más misteriosos de la Historia. Le seguiría su hermano Robert, asesinado en 1968 por un enigmático jordano llamado Sirhan B. Sirhan. Nunca se han conocido bien los motivos.
Tras una serie de escándalos relacionados con drogas, sexo y extraños accidentes, le tocó el turno en 1997 al hijo de Robert, Michael, que se estrelló contra un árbol jugando a fútbol americano con esquíes; había rehusado, pese a las advertencias, ponerse un casco... Así hasta llegar al último de los Kennedy caídos en desgracia, figura en la que muchos norteamericanos veían la representación de sus ilusiones y que, según todos los testimonios, estaba a punto de entrar en el mundo de la política... Lo más sencillo sería pensar que son víctimas de una horrenda maldición, aunque algunos como el sociólogo Carlos Coloma se pregunten cuál es el verdadero maleficio: "... si hagan lo que hagan la fatalidad les va a salir al encuentro o que quizás su verdadera cruz sea salir ellos al encuentro de la desgracia al no poder evitar vivir de forma peligrosa...".

Una creencia ancestral
Qué duda cabe de que la creencia en las maldiciones se pierde en la noche de los tiempos. Según Papus "... el maleficio, embrujamiento o hechizo es el envenenamiento - o tentativa de envenenamiento - del astral de un ser por el odio o rencor de otro..."; aunque para Lectte: "... el sentido de la palabra "maldición" encierra dudas. Proviene del latín "maledictio" y su significación es muy concreta. Consiste en una impresión violenta y dura, mediante la que se muestra aversión hacia unas determinadas personas o cosas. Su intención es venenosa, ya que con ella se manifiesta el deseo de que al prójimo le sobrevenga algún mal...". Si esto que nos explican Papus y Lectte fuese una realidad, las maldiciones habrían existido desde el origen del hombres.
¿Un sistema de defensa?
Pero, ¿Por qué habría surgido la supuesta maldición? Para Manuel Berrocal, médico-psiquiatra y vicepresidente de la SEDP (Sociedad Española de Parapsicología) "... La maldición nace como un sistema de defensa de la gente que está más deprimida, por su estatus social, en relación a aquellos que tienen más poder, como un sistema de control...". Para Berrocal, se trata de un juego de equilibrio que aparece en la mayoría de los pueblos denominados "primitivos" y de creencias animistas.

El funcionamiento de las maldiciones se basa - según nos comenta Berrocal - en la sugestión: "... La mayor parte de las veces, la maldición no se cumple porque alguien haya mandado una maldición, sino porque alguien cree que está maldito...". También funciona como un eximente de culpa porque, en la mayoría de las oportunidades, el "maldito" está pagando supuestamente por algo que hizo. Serviría para derivar responsabilidades: "... todos tenemos a alguien a quien no le caemos bien, que sabemos que nos tiene "ojeriza". El señalar como culpables a fuerzas externas y ajenas a nosotros es lo más inmediato...".
La importancia del Tabú
Lo argumentado por Manuel Berrocal no es incompatible con lo que se registra en otras culturas en las que la "maldición" es parte señalada y visible de la vida. En el continente africano, por ejemplo, se cree en ella a pies juntillas, y la ruptura de ciertas normas (tabúes) propicia instantánea e irrevocablemente su cumplimiento. Buen ejemplo de ello es la explicación que dan los Tongas a la existencia de la muerte, nacida de un precepto, en substancia, maldito. Según su mitología, Dios envió a los hombres dos mensajes a través de un camaleón y un lagarto. El camaleón debía decirles: "Los hombres morirán pero resucitarán", mientras que el lagarto contaría "moriréis y os pudriréis en la tierra". Al parecer, el lagarto llegó primero, es por ello que existe la muerte... Ambos mensajes son claras "maldiciones".

No obstante, unido a este tipo de conceptos de corte sobrenatural hallaremos, en la mayoría de los pueblos africanos, todo un elenco de prohibiciones. Sobre el particular escribe Anne Stamm en Las religiones africanas: "... La más frecuente es la prohibición de comer la carne de tal o cual animal (...) mirar a una persona, cazar o pescar un animal, tener relaciones sexuales con un hombre o una mujer de su familia, de su grupo o, por el contrario, extranjero...".

Aquellos que no respetan los tabúes, pasan a estar automáticamente malditos. Las explicaciones que se dan para que no se incumplan dichas normas son de lo más variopinto. Por ejemplo, para los Bambaras de Mali, la prohibición de comer carne de cocodrilo proviene de una leyenda que hace referencia a un antepasado Makion Traoré, que durante una época de hambruna, se metamorfoseó en este reptil a fin de pescar para los suyos. Sin embargo, el hambre se recrudeció y un familiar lo atacó malhiriéndole. El cocodrilo fue a morir a los pies del culpable que fue maldito y asesinado por los suyos.

Nacidos bajo la maldición
Hemos visto hasta ahora formas de caer en desgracia, de hacerse acreedor de una maldición. Sin embargo, en estas culturas, como en la nuestra, hay personas que por el simple hecho de nacer de una manera determinada son consideradas "malditas". Explica Stamm al respecto: "... También en muchas otras religiones del continente negro, un recién nacido es tan poco ser humano que es posible remitirlo al país de los antepasados si presenta lo que el grupo juzga anomalías. Por ejemplo, un niño que nace con dientes, el que tiene una malformación congénita, el que tiene los primeros dientes en el maxilar superior o el que viene al mundo por los pies, es legítimamente eliminado...". Terrorífico desde el punto de vista moral, aunque como señala Berrocal, en nuestro contexto judeo-cristiano sucede algo similar, aunque revestido de otras formas que suenan más "civilizadas": "... Tras el "pecado" cometido, llega el castigo...".

No podemos omitir tampoco la existencia de los grandes personajes míticos nacidos bajo el signo de la maldición, como es el ejemplo del hombre lobo. Sobre este asunto es interesante conocer la opinión de uno de los mayores especialistas que existen sobre este personaje en nuestro país; Jacinto Molina (Paul Naschy), quien lo ha encarnado en la gran pantalla en multitud de ocasiones. Reunidos precisamente en el mismo lugar en el que se estrenara La marca del hombre lobo, Naschy nos hablaba sobre la posibilidad de nacer maldito: "... Legendariamente, hay muchas formas de transformarse en hombre lobo, pero una de ellas es ser el tercer varón que nace en la séptima luna llena...".

También nos explicaba los orígenes del mito: "... por mis investigaciones para preparar este papel pienso que se trata de una maldición ancestral (...) Al ser un personaje ecológico posee una leyenda que empieza a tejerse en las cavernas; sobre todo en las primeras reuniones humanas. Los hechiceros empleaban la fuerza del lobo, uno de los depredadores más temidos. Era despellejado por el hechicero quien se colocaba su piel encima para fingir una transformación y tomar así su fuerza y poder". No es de extrañar que Naschy, especializado en el cine de terror, con casi un centenar de películas en su haber, manifieste que el tema de las maldiciones ha sido una constante en el contenido de sus películas, como tampoco sorprende conocer su opinión al respecto: "... los seres humanos probablemente tengamos cargas positivas y negativas. Puede que más que una maldición, lo que actúe sean estas cargas. Sería algo parecido a la electricidad. A mí me pasa como con las meigas. No creo en las maldiciones, pero existir, existen...".

Clases de maldiciones
Regresando a la raíz de las maldiciones, y suponiendo que sean un hecho cierto, habría que distinguir varios tipos de ellas, a cual peor. Para Carlos Coloma, sociólogo especializado en temáticas paranormales, habría dos tipos de maldiciones: "... admitiendo su existencia, tendríamos las maldiciones recurrentes, que es cuando acontece el mismo hecho en condicionamientos distintos, sociales, políticos o históricos, y las maldiciones cíclicas, que es cuando sucede lo mismo, o algo muy similar en ambientes o momentos parecidos, como sería el caso de los Kennedy...".

Conviene apuntar también que las maldiciones pueden ser potenciadas por las masas que ven en un personaje popular un reflejo de ellos mismos: "... La maldición se contempla en sociología como un efecto de masas supersticioso. La sociología clásica y la oficial entienden que la sociedad es una construcción de relaciones e interrelaciones humanas formadas bajo la racionalidad. Sin embargo, la maldición es algo que se escapa y por tanto, la sociología lo juzga como una superstición. A pesar de esto, la sociología no ve como superstición el hecho de que haya unas fuerzas emotivas, que a niveles individuales nos hacen buscar la aprobación de los demás. La persona popular se alimenta de las masas y si éstas no le responden recibe unas vibraciones que le son nefastas. Sería el caso de Elvis Presley o Marlon Brando...".

Ambos sufrieron un ocaso en sus carreras. El primero cayó en las drogas y perdió el beneplácito de las masas, para finalmente tener una muerte lenta y agónica. El segundo, ha tenido que soportar una vida llena de desgracias familiares, que culminaban en 1995 con el suicidio de su hija Cheyenne, que se ahorcó dejando dicha su aversión por su padre, al que "maldijo" por todo lo que le había hecho sufrir.

La profecía autocumplida o en busca de la maldición
Tanto Coloma como Berrocal destacan la existencia de una variante denominada profecía autocumplida. Señala Berrocal: "... si a un sujeto le dicen que le va a suceder algo malo, un accidente, por ejemplo, él mismo lo terminará buscando... y si se le pincha una rueda, enseguida pensará "ya ha sucedido y no me ha ocurrido nada". Es un sistema de autoliberación frente a eso que le han dicho. Pero, si no se le pinchara la rueda, el sujeto probablemente forzará el accidente de forma inconsciente...". Probablemente fuese lo que le ocurrió a la malograda Isadora Duncan, que murió ahogada por un foulard que quedó enredado en la rueda de su automóvil, después de que una echadora de cartas le dijese que iba a morir ahogada en 1927 o Marlon Brando, que durante el rodaje de Rebelión abordo tuvo la ocurrencia de burlarse de los clásicos ídolos hawaianos que representan a las deidades protectoras de los nativos, por lo que éstos le dijeron que había quedado maldito... La película fracasó y el infortunio le ha perseguido desde entonces.

La maldición, en definitiva parece ser una suma de nuestras inquietudes, temores e inseguridades. Casos como el de los hijos de Bing Crosby, - loa gemelos Lindsay y Dennis se suicidaron en 1989 y 1991 respectivamente, mientras que el último, Gary moría en 1995, sin que la familia haya querido revelar la causa -, dan mucho que pensar sobre la naturaleza humana y sus procesos. Tal vez, antes de sentenciar que somos poseedores de una maldición, sería interesante, aunque sólo fuese por higiene mental, reflexionar ante aquellas cosas que no marchan todo lo bien que debieran. Algo parece seguro, junto al término maldición aparece otro que, si bien significa todo lo opuesto, es muy similar, porque tampoco tenemos control sobre ello: se trata de la bendición. Quizás debiéramos fijar nuestros ojos en este último.

Entrevista a Jesús Palacios
Jesús Palacios, crítico de cine y autor, entre otros títulos, de Satán en Hollywood y de la recién aparecida Goremanía 2, desarrolla un capítulo sobre los personajes y las películas "malditas" de Hollywood. Mundo Misterioso estuvo con él para conocer los entresijos del mundo del celuloide:

-¿Cree usted en las maldiciones?
J.P.- Siempre digo que soy el más escéptico de los creyentes o el más crédulo de los escépticos, y sigo manteniendo esa postura ante todas las cosas sorprendentes. Un día pones la tele y te enteras de cosas como lo de John John y te da por pensar en que existen realmente unas fuerzas oscuras y sobrenaturales. Sin embargo, mi "yo" lógico, me recuerda que suceden todo tipo de desgracias, y que muchas de ellas, les ocurren a las mismas personas.
-¿A qué puede deberse la arraigada creencia en las maldiciones en el entorno de Hollywood?
J.P.- El entorno cinematográfico, y en especial el de Hollywood es ampliamente supersticioso, debido a que es un ámbito altamente competitivo, sometido a muchas presiones, desde las intelectuales y artísticas propias del trabajo de actor o de director, hasta las del medio económico, del éxito, de tener que triunfar y de la necesidad de que el público te apoye.
-¿Cuáles son los casos más sonados de personajes o películas a los que se les ha achacado fama de "malditos"?
J.P.- Ha habido casos muy señalados, aunque el arquetipo sería La Semilla del Diablo, y todo el entorno alrededor de la película desde el director Polansky y el asesinato de su mujer Sharon Tate por obra de Charlie Manson, hasta todos los elementos ligados a la película, a la participación o no de Anton LaVey, como asesor de la película, el edificio Dakota en el que posteriormente sería asesinado John Lennon. Ese sería quizás el caso más emblemático.
-Pero, ¿Se sabe de personajes ligados al cine a los que alguien "echó una maldición" y acabó por "cumplirse"?
J.P.- Sí, en efecto. Uno de los ejemplos más curiosos es el de Jayne Mansfield que murió decapitada en un accidente de automóvil. Era miembro activa de la Iglesia de Satán y amiga personal de LaVey. Éste último utilizó la tragedia de la actriz como parte de su leyenda negra. De alguna manera, la prensa sensacionalista le dio vida a esta muerte, porque cuentan que el amante, en aquel momento, de Mansfield, su abogado Sam Brody desafió y se burló de Anton LaVey y de todos los elementos esotéricos del culto de la Iglesia de Satán, haciéndose acreedor de una maldición propia y personal procedente del mago. Él encendió accidentalmente una vela negra que según LaVey causaría todo tipo de desgracias. Posteriormente contó que se hallaba recortando una fotografía de Marilyn Monroe, y que no se dio cuenta de que por la parte de atrás había otra foto de Mansfield a la que le había cercenado la cabeza con las tijeras.
-¿Pasó algo similar con James Dean y Maila Nurmi (también llamada Vampira)?
J.P.- Sí, aunque en este caso, creo sinceramente que se trató de un montaje de la prensa sensacionalista que acusó a la presentadora de haber causado la muerte de Dean, montaje que por otra parte, se convirtió en una verdadera "maldición" para ella; terminó siendo vilipendiada y rechazada. Según publicó Peter Kolosimo "... su mente se proyectó lejos (...) un coche que marchaba a toda velocidad (...) al volante iba un hombre (...) la bruja de Hollywood levantó los ojos hasta una gran fotografía (...) como una fría furia, Myla levantó el abrecartas y lo lanzó. El cristal saltó hecho añicos, y el puñal se clavó en la foto, a la altura del corazón (...) a miles y miles de kilómetros de distancia, el conductor sintió una punzada en el pecho. La vista se le nubló, notó un dolor lancinante y sus manos se separaron del volante. El coche (...) se salió de la carretera y quedó destruido (...) en aquel coche iba James Dean...".
-¿Qué otros casos destacaría?
J.P.- La supuesta maldición de Bruce Lee, de su hijo Brandon y de la película que rodaba cuando falleció éste último: El cuervo, en la que sucedieron muchas cosas desagradables. Sobre la muerte de Bruce Lee hay tantas hipótesis que es imposible quedarse a una sola carta, aunque yo me inclino por una reacción alérgica, el caso de Brandon parece más un asesinato que se cerró como accidente. Existen dudas razonables sobre su pertenencia al mundo del hampa china, también tenemos los casos sobradamente conocidos de películas muy conflictivas como Poltergeist o El Exorcista en las que se produjeron varias muertes.
-¿Por qué se da este fenómeno tan frecuentemente en Hollywood y menos en otros países como el nuestro?
J.P.- Las maldiciones de Hollywood responden a la fascinación que ejerce ese mundillo en sí mismo. Forman parte del concepto mitológico de Hollywood, que es realmente la mitología contemporánea real del hombre del siglo XX y quizá del siglo XXI.

Objetos malditos
Además de las supuestas maldiciones que pueden atrapar a las personas, existen también casos de objetos que parecen ejercer peligrosas influencias en sus poseedores o en aquellos que, por unas causas u otras se ven abocados a estar en contacto con ellos. Sobre el particular, se destacan el porsche de James Dean. Tras su fatal accidente, el coche fue cobrándose víctimas: Además de Dean fallecieron dos personas más que estuvieron en contacto con las piezas del vehículo, y cinco resultaron gravemente heridas.

Otra pieza "maldita" es el extraordinario Diamante Hope, que habría sido robado de la frente de un ídolo indio. Esta pieza apareció por vez primera en Europa en 1642 en manos de un contrabandista francés llamado Jean Baptiste Tefernier, que fue atacado y despedazado por una manada de perros salvajes cuando viajaba a la India. El siguiente afectado fue Nicholas Fouquet, funcionario del gobierno de Luis XIV, que lo tomó prestado para un baile de gala: fue acusado de malversación y condenado a cadena perpetua. Después moriría en la cárcel. La princesa de Lambelle, que solía llevar el diamante fue asesinada en la calle por maleantes... los siguientes propietarios murieron asesinados, en extrañas circunstancias o se suicidaron.

También descubrimos lugares que fueron maldecidos por alguien y que no levantaron cabeza. Tal es el caso del Derby de Epson, que fue de mal en peor a raíz de la maldición de una gitana llamada Gypsy Lee, que se sintió molesta por el trato recibido en dicha competición por uno de los propietarios de los caballos.

La maldición de Superman
¿Puede haber personajes malditos que terminen por causar desgracia a los actores que los encarnan? En el caso de Bela Lugosi, podría decirse que la influencia de Drácula le hizo más mal que bien: recordemos que fue enterrado a petición propia envuelto en su capa, y que dormía en un ataúd, aunque para Jesús Palacios ello podía obedecer a su toxicomanía y a la añoranza de los tiempos pasados. Sin embargo, un personaje como Superman parece haber dejado malditos a los actores que han osado encarnar al todopoderoso extraterrestre.

Cuenta Palacios en Satán en Hollywood: "... George Reeves, que interpretó al Hombre de Acero del planeta Kriptón en los años 50, aparecería muerto en su casa de Beverly Hills el 16 de junio de 1959, con un disparo del calibre 30 en la cabeza (...) Según su novia, la culpa de todo la tuvo Superman, "el personaje había dominado hasta tal punto la vida del actor - escribe Kenneth Anger -, se había identificado de tal manera con el papel, que se había vuelto imposible para él representar otros papeles" (...) treinta años después de la misteriosa muerte de George Reeves, su sucesor de los años 80, Christopher Reeve (sin s, pero, aun así, ¡qué extraña coincidencia!), el Superman ideal, ha quedado reducido a una silla de ruedas tras una caída de caballo, como

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11 Julio 2006

conociendo al creador de odisea del espacio

Stanley no era un alumno brillante en la escuela. Aunque era inteligente, sus notas eran bastante bajas. Buscando motivar su inteligencia, su padre le intrudujo primero en el ajedrez, juego al que Kubrick sigue siendo aficionado, además de buen jugador. Pero más acertada fué la decisión de regalarle una cámara fotográfica cuando Kubrick cumplió los 13. Comenzó a realizar fotos por toda Nueva York, y acabó trabajando para la revista Look de manera habitual. Tras esta etapa, se interesa por el cine y comienza a rodar sus primeros documentales y cortometrajes a principios de los 50. En 1953 rueda su primer film. La presión provocó incluso su divorcio. Sus dos siguientes largometrajes le abren las puertas de Hollywood y le permiten dirigir nada menos que a Kirk Douglas en Senderos de Gloria.
Para su siguiente film vuelve a contar con Douglas. Sería la superproducción Espartaco, todo un clásico del cine. Poco después volvería a divorciarse, y trasladaría su residencia al Reino Unido. Su primer largometraje "inglés" fué Lolita, la adaptación del clásico de Vladimir Nabokov. Seis años después, colabora con Arthur C. Clarke para adaptar una novela del propio Clarke. 2001, Una Odisea del Espacio marcó época en el cine de ciencia ficción, y es considerada una de las obras maestras de la historia del cine.
Pero aún quedaba mucho talento. Suficiente para dirigir otra obra maestra, la Naranja Mecánica, escandalizando por la sexualidad y la violencia. No pudo dirigir la secuela del exorcista, así que se contentó nada menos que con llevar al cine una de las novelas de Stephen King, el Resplandor. Nuevo éxito. Nada menos que 7 años tardó en dirigir su siguiente película. Nuevamente una violenta crítica social en la Chaqueta Metálica, reflejando la parte más oscura de la guerra. Doce años hicieron falta para que Kubrick se decidiese a volver a rodar. La muerte le llegó mientras terminaba de montar Eyes wide shut. Dos días después, la productora hacía públicas las primeras imágenes del film.

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